Cuántas veces con la cruz
hemos desenfundado la espada
aplastando culturas y gentes
en el nombre de Dios y del bien.

Confundiendo el reino de Jesús
con el reino de un emperador.

Qué fácil es conformarnos
con decir ¡Señor, Señor!
Y dejar frío el corazón
a la hora de compartir.

De que vale tu fe sin obras
si tu Dios es un Dios de vivos
y no de muertos.

Oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh
Oh, oh, oh, oh, oh, oh, oh

DE RODILLAS PEDIMOS PERDÓN
EN EL ROSTRO DEL CRISTO INDÍGENA
AL ROSTRO DEL NIÑO DE LA CALLE.
DE RODILLAS PEDIMOS PERDÓN
AL ROSTRO DEL CRISTO EMIGRANTE,
AL ROSTRO DEL OBRERO Y CAMPESINO.

El Evangelio tal cual
de exégesis lo hemos llenado,
tejiendo cortinas de humo
que nos alejan del pueblo y del llanto.

Imponemos normas y estructuras
atando la vida a un solo patrón.

Aseguramos un puesto
cerrando ventanas al mundo;
un orgullo escondido alimenta
viejas formas de señor feudal.

Ahogamos con mantos y oropeles
la vida que fluye a nuestro alrededor.

DE RODILLAS PEDIMOS PERDÓN
EN EL ROSTRO DEL CRISTO INDÍGENA
AL ROSTRO DEL NIÑO DE LA CALLE.

DE RODILLAS PEDIMOS PERDÓN
AL ROSTRO DEL CRISTO EMIGRANTE,
AL ROSTRO DEL OBRERO Y CAMPESINO



La mula Nos precederán