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Por sobre de la ciudad te elevas y ves los rostros, ojos. Sonríen, sonríen ya. Se ha roto cualquier distancia, muro. Y al subir, renunciar tan solo un momento al asfalto, es posible encontrar personas que te abren su hogar al querer compartir todo más cerca del sol.
Las manos rojitas son saludo confiado y dulce, tierno. Su rostro cansado está, con todo estalla y ríe, juega. Preguntar, conversar, excusas son para el encuentro. Traspasar el umbral nos muestra calor, dignidad, al querer construir mundos más cerca del sol.
Comparten el techo y pan y sueños no imaginados, libres. La plata tiene valor pero primero el hermano, siempre. Ofrecer lo que hay construye entre todos familia. Y al marchar seguirá su mano invitando a escuchar. El Señor estará Mucho más cerca del sol
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