Por sobre de la ciudad
te elevas y ves los rostros, ojos.
Sonríen, sonríen ya.
Se ha roto cualquier distancia, muro.
Y al subir, renunciar
tan solo un momento al asfalto,
es posible encontrar
personas que te abren su hogar
al querer compartir
todo más cerca del sol.

Las manos rojitas son
saludo confiado y dulce, tierno.
Su rostro cansado está,
con todo estalla y ríe, juega.
Preguntar, conversar,
excusas son para el encuentro.
Traspasar el umbral
nos muestra calor, dignidad,
al querer construir
mundos más cerca del sol.

Comparten el techo y pan
y sueños no imaginados, libres.
La plata tiene valor
pero primero el hermano, siempre.
Ofrecer lo que hay
construye entre todos familia.
Y al marchar seguirá
su mano invitando a escuchar.
El Señor estará
Mucho más cerca del sol



El brujo mugandino La mula