Temprano en la mañana, en Bogotá
y el taxi que te lleva atravesando la ciudad.
Vas mirando las calles, y los barrios,
donde el lujo se alimenta de miseria.
Te ven pasar, ausentes los gamines,
perdidos en su mundo de vapores.
Te miran sin mirar y te sonríen:
tu mano dice adiós.

Un avión que despega hacia Madrid
y un sueño de dinero fácil de conseguir.
Llevas una maleta, llevas un muñeco,
y dos kilos de nieve contra el pecho;
tu carita de ángel y tus años
como único disfraz, como coartada.
Subes la escalerilla y sientes vértigo,
te vuelves y dices adiós.

ADIÓS A LA NIÑEZ SIN ILUSIONES,
SIN JUEGOS, SIN PAN Y SIN FUTURO.
ADIÓS A LA TRISTEZA Y LOS HARAPOS
Y A TU VIDA SIN LUZ Y SIN ESPACIO.

No sabes que tu suerte les da igual,
que tú no vales nada y te sacrificarán.
Mientras en la aduana el sudor te empapa,
ellos celebran ya su gran negocio.
tú eres solo un tributo a la justicia
que reclama gritando la voz pública.
Y terminas tu viaje en un furgón
y a todo dices adiós.

ADIÓS A LA ESPERANZA Y LOS PROYECTOS,
A LA INOCENCIA Y A LA LIBERTAD.
A LOS AÑOS FUTUROS MALGASTADOS,
ADIÓS A LA MIJER QUE HUBIERAS SIDO



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