En el Bar del Bosnio
todo da vueltas
y, tal como entras por la puerta,
recibes un aroma muy voraz.

Ese skin de feria
con la esvástica puesta entre sus cejas
cuenta historias difíciles de asimilar.
Me lo quedé mirando
y con orgullo me miró.

Y aparece José
un poco retrasado, ya ves,
es el hazmerreír del lugar,
pero entablo conversación con él:
«José no me voy a reír de ti».
Se le ilumina la cara
de una inocencia que nunca le abandona.
Joaquín es un gran jugador,
creo que a los dados es el mejor,
observa la mesa de juego
con aires de gran triunfador.
El gaitas es un borracho,
pastillero de diseño,
habla con su soledad,
mirada fija hacia el dueño del bar.

Y el gusano del lobo Javier,
un camello con aires de Rappel,
es el que hace su juego
vendiendo instrumentos para sueños,
comprando a las gentes con su nieve.
Pero hoy no le hacen caso
en el Bar del Bosnio.

Cometedor de gusarapos,
miradas de entrecejo
y el dueño en el sarao;
esto no es el infierno,
esto es el Bar del Bosnio
y aquí estoy yo, y también me están mirando.



Mi mamita buena Salve, compañera nuestra